En el umbral

Lluvia,
que incesante
te desprendes,
inesperada,
obstinadamente imprevista
desde lo alto
del orbe.

Sobreviviendo a este sin saber
aquí nos encuentras;
sin sabor de sin tener,
sin ti, sin ellos, sin mi en ustedes;
sin una ciudad,
sin patria ninguna…
sin nada.

Se resiste la oscuridad
pero el destello del relámpago
devela en parte lo que esconde:
dos ominosas décadas
y una joven generación en desbandada
deambulando por todo
el continente.

… la resonancia del trueno
hace crujir los techos de las escarpadas casas.

Esta lluvia copiosa de mayo
no es por mucho lluvia de otoño,
tampoco lluvia de temporada,
es más bien la lluvia del hastío,
la del tedio;
la del esplín que nos hizo detener
cual petrificadas bestias en el Serengueti.

Los ariscos cuerpos migrantes
tiemblan ante el fronterizo y húmedo frió
que va dejando el aguacero
sobre la inmensidad de la América.

En esta noche,
por el desandar de las nubes,
el cielo ocultó las luminosas estrellas.
¡Expectantes!
(más bien, ¡estupefactos!)
nos quedamos esperando
el amaine de la tormenta.

La tiniebla domina la estancia,
pero a tientas logré encontrar
mi vieja linterna; voy a encenderla
para apresurar la luz del día.

… los tenues relámpagos
que se avizoran ya lejanos,
nos advierten que está cerca
el amanecer.

Franklin Pire

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