La batalla de las Termópilas

Hoy, con mucha tristeza escribo estas líneas para exponer la indignación que siento por toda la destrucción que ha desencadenado el sátrapa dictador Vladimir Putin al invadir a un pueblo pacífico que en el pasado fue sometido por sus vecinos, obviamente por el imperio ruso y posteriormente por el imperio soviético. En 1991 conquistó su libertad para jamás entregarla al capricho de un esquizofrénico. Es inconcebible como este ser diabólico se ha atrevido a bombardear ciudades cuyos objetivos son zonas residenciales mientras la indigna propaganda del poder ruso se hace eco de la nefasta matriz emitida por el Kremlin de  que es una gesta para “desnazificar” y liberar al pueblo ucraniano sometido por el poder central de Kiev.

 «Se dice que somos nazis. ¿Cómo puede apoyar el nazismo una nación que entregó ocho millones de vidas para combatirlo? ¿Cómo puedo ser un nazi? Que se lo digan a mi abuelo que estuvo durante toda la guerra en la infantería del ejército soviético y murió como coronel en la Ucrania independiente» dijo el presidente Volodimir Zelensky durante un discurso publicado en su cuenta oficial de Facebook a primeras horas del jueves 24 de febrero.

Putin es un inmoral puesto que su aparato de poder, centrado en su partido Rusia Unida, auspicia a partidos de la oposición con decretadas tendencias nacionalistas y “nativistas”  como lo son el Frente Popular de Rusia y Rusia Justa los cuales promueven conservar la herencia cultural que comprensiblemente es loable, pero se centran también en la  identidad étnica considerando a los inmigrantes como un grupo problémico, social  y  culturalmente diferente que degenera los principios y pureza  de la sangre rusa. (Tuminez, 1996)

Es increíble leer a ciertos amigos justificar el accionar de un asesino como Putin contra Ucrania; me cuesta entender como la muerte de civiles y la destrucción de la infraestructura de una nación que tiene el inalienable derecho a la autodeterminación, dicho sea de paso, defendida a ultranza por la misma Rusia en el consejo permanente de la ONU, sea exaltado y hasta a veces victimizado. Llama nazi a Ucrania cuando es él el responsable de configurar el grupo Wagner, un ente paramilitar de mercenarios que con la venia del Kremlin apoyaron a los separatistas del Este Ucraniano y están involucrados en masacres en esa zona según la inteligencia ucraniana. Llama nazi a Ucrania y en su territorio reciben entrenamiento paramilitar grupos de extrema derecha de distintas regiones de Europa. Dicha capacitación se lleva a cabo bajo el paraguas protector de la DOSAAF (Sociedad Voluntaria de Cooperación con el Ejército, la Aviación y la Armada), una organización cuya fundación se remonta a los días de la Unión Soviética. La capacitación como tal es proporcionada por un club que aparece bajo dos nombres diferentes: «Rezerv» o «Partizan», la cual lleva a cabo sus actividades en una instalación militar en las afueras de San Petersburgo. Hasta 2018, «Partizan» y sus miembros figuraban en el sitio web de la oficina municipal de San Petersburgo como un grupo de vigilancia en el distrito de Vyborg.

Rusia es un  emblema de orden nacionalista imperial. Y al igual que en la década de 1930, su aislacionismo no le impide estar involucrado en la  tendencia global populista y anti-establishment. La apuesta del Kremlin por  los partidos marginales de derecha ha dado sus frutos cuando se han  trasladado a la corriente primigenia. A diferencia de los socialistas de los  años  treinta, el Kremlin y sus amigos de hoy no son impulsados tanto por  la ideología como por el oportunismo y la corrupción. El objetivo principal de Putin no es presentar un modelo  político alternativo, sino socavar las bases de las democracias occidentales cuyos modelos presentan una seria amenaza existencial a su poder.

Viví siete años de mi vida en Kiev, muchos de mis amigos, músicos como yo, han tomado las armas para defender a su nación de las garras del poder invasor ruso. La ciudad de mi juventud esta hoy bajo ataque de misiles que destruyen todo a su paso, sin discriminación alguna de objetivo militar o civil, da igual. Putin ha de pagar muy caro lo hecho a Ucrania pues ni su ejército ni sus mercenarios podrán detener la determinación de un pueblo a ser libre. Putin decía hace unos días que Zelensky había huido de Ucrania como un cobarde y todos sus medios de propaganda, RT y Sputnik entre otros, repetían el fake dando por sentada la Operación Militar Especial (así le dicen los rusos y sus burócratas a sus invasiones) error de cálculo. Volodimir Zelensky es todo lo que Putin no es. Mientras el viejo ogro reprime en casa a las populosas manifestaciones de los ciudadanos rusos que se oponen a la guerra el joven y carismático presidente, acompañado por el pueblo ucraniano quien lo eligió como su líder, lucha por su nación no en nombre de una oscura fantasía imperial, sino por la firme convicción –cual espartanos- de que Ucrania es soberana, libre e independiente y eso, eso no es negociable. SlavaUkaryina!   

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